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Helen Bohorquez

Viajando por China: 2 días en Pekín


Enfrascada en la función de turista y sentada en un bus repleto de universitarios, observo las calles de Pekín. Lo primero que llama mi atención es el armonioso caos vehicular. Autos, motocicletas, ciclomotores y bicicletas dominan las irregulares calles, los peatones recurren a sus agudos reflejos para evadir choques que a mi ojos parecen inminentes, pero que después desaparecen entre chillidos de bocina y frenéticas arrancadas del motor que esté presente. La bicicleta, a diferencia del algunas sociedades occidentales, no es cuestión de moda deportiva o lujo, es una necesidad básica de transporte. Y aunque ambas, eléctricas y de propulsión humana, irrumpen en las aceras por las que mitad de la humanidad parece caminar, muchas avenidas destinan un carril solo para ellas, dándoles un toque algo exclusivo e envidiable. Algo que se debería replicar en otras “global cities” alrededor del mundo.

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Al llegar a nuestro primer destino, la majestuosa Gran Muralla, me encuentro con un paisaje montañoso y frondoso, una hermosa cordillera decorada con la presencia de esta fortaleza construida y reconstruida por más de 2.000 años. Bajo la influencia del jetlag y sintiendo un bochorno agobiante, decidí meterle todo mi entusiasmo al primer tramo de la muralla, pero a los pocos minutos me encontré maldiciendo los empinados escalones y mi deplorable estado físico.

Cuando el cuerpo ya no dio para más, decidí tomarme un momento para apreciar la muralla, sintiéndome un poco melancólica con su belleza, y fantaseando, como hago con todo, con su proceso de construcción. Imaginé cada ladrillo como un acumulador masivo de historia, un testigo silencioso del trabajo y sufrimiento de docenas de generaciones, y un símbolo de la fuerza evolutiva detrás del desarrollo de la nación que recién empezaría a explorar. El golpe filosófico me pego de una.

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Ese mismo día, visitamos el Palacio de Verano, Summer Palace o Yiheyuan, el parque real más grande y mejor preservado en China. Compuesto de numerosos jardines, coloridos pabellones, puentes y torres, el palacio, el cual sirvió como casa de vacaciones y residencia de la realeza de numerosas dinastías chinas, es uno de esos lugares que vale la pena visitar por su valor arquitectónico, natural e histórico. Recomiendo llevar un buen par de zapatos y suficiente memoria en la cámara. Al final del recorrido, tomamos un bote para cruzar el gran lago que se encuentra en medio del lugar, apreciando así la inmensidad del parque mientras disfrutamos de la brisa.

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En la noche, atendimos a un show de Kung-fu en el famoso Red Theatre, que se especializa en funciones tradicionales de la cultura china. A pesar que algunos de mis compañeros se quedaron dormidos más por agotamiento que aburrimiento, logré mantenerme despierta durante “La Leyenda de Kung Fu”, una coreografía musical y de artes marciales verdaderamente impresionante. Las habilidades físicas de los actores, así como la historia y la escenografía fueron estupendos, o en términos mas propios, fueron una elegancia.

A la mañana siguiente visitamos Tian’anmen Square, un lugar donde la historia política, la ideología socialista, y la adaptación al sistema capitalista han interactuado y colisionado en los últimos siglos. Vigilada por la imponente presencia de la Ciudad Prohibida, la plaza ha sido testigo de importantes protestas y manifestaciones, siendo la más conocida la Masacre Estudiantil de 1989. Cuando le pregunté a nuestro guía turístico al respecto, me dio una reseña histórica de dos frases sobre lo que sucedió ese día. Notablemente incómodo como mi siguiente pregunta, él, en la primera señal de autocensura que presencié desde que llegué, me dijo que simplemente no podía hablar al respecto, o por lo menos, no en ese lugar. Parece que lo que es clandestino y secreto ya no es lo que pasa en el fortín colosal de la Ciudad Prohibida, sino en los espaciosos alrededores de la plaza que la acompaña.

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Nuestra cansada pero increíble caminata por la Ciudad Prohibida, la cual es tan gigante, interesante y sublime como lo parece, fue una oportunidad para presenciar no solo un trozo de historia y cultura china, pero también para interactuar con locales y turistas. La atmósfera sombría del cielo de la capital china, careciente de alguna tonalidad azul por culpa de la polución, se unificaba con la neutralidad gestual de los chinos, quienes por momentos parecen fríos y/o malhumorados. Sin embargo, un compañero chino me hizo ver que la inexpresividad de los locales es solo una forma de expresar respeto hacia personas desconocidas, sean extranjeros o simplemente fuera de su círculo familiar y/o de amigos. Durante el resto de mi viaje, mi incorrecta noción se contradiría varias veces.

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La siguiente parada, dirigida al turista occidental, fue un lugar de medicina tradicional. Allí nos hablaron del énfasis que se le presta a la medicinas herbales, la acupuntura, el tai chi, el Qiqong, el cual se refiere a ciertas técnicas de meditación y ejercicio, así como a la medicina preventiva y a la importancia de los alimentos en la salud. En una especie de consulta/intento de venta, un doctor examinó mi lengua y me tomó el pulso, elementos con los cuales me diagnosticó: primero, inner hate, traducido en mi cabeza como odio interno, y que me dejó desconcertada y más pensativa de lo normal. Tal vez la traducción no fue correcta, o tal vez haya algo de razón; temática para otro día. Segundo, el doctor mencionó problemas del estómago y de los pulmones, los cuales si he venido teniendo desde hace varios años. Y finalmente, mencionó la intensidad de mis cólicos menstruales, los cuales replicaban mi sentir de ese día, y que pueden explicar eso del inner hate. Ustedes saben, por lo del cambio de ánimo, (aja.)

IMG_1557Tras el intento de venta de medicina natural, tuvimos la oportunidad de caminar por la zona comercial de Pekín, la cual está claramente influenciada por el pensamiento capitalista. Esto me recordó una vez más la idea de que no importa el sistema o el nombre de la ideología política que se diga ejercer, todo termina pareciéndose a lo mismo: un gran festín de productos, marcas y servicios, y en términos más claros, de plata y lujos, que superan cualquier gobierno que se le atraviese, y que enriquecen o afectan a su pueblo con notoria desigualdad. Esto se reflejó con claridad en la cantidad de edificios que ocupan un sin fin de bancos, entidades financieras y hoteles que adornan el nublado cielo de Pekín, pero donde al mismo tiempo, entre los rincones de los arboles, áreas verdes, y sospechosos muros, se encuentran comunidades de trabajadores donde más de 10 personas viven en una habitación, y donde precarios baños pueden ser compartidos por todos los habitantes de una misma cuadra. Para corroborar esto, el relato de una de mis compañeras y una caminata nocturna fueron necesarios.

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Por último, y para no extenderme más de lo necesario, recomiendo Pekín desde la perspectiva cultural e histórica, pero no me quedaría mucho tiempo allí. La capital china es una mezcla de lo tradicional con lo moderno, pero aún así tiene muchos problemas en cuestión sanitaria, con ciertas cuadras o bloques con un fuerte y constante olor a mierda, y una carencia permanente de papel higiénico en baños públicos, cuyos retretes se deben usar en cuclillas, y de los que hablaré más en mis siguientes blogs.

La contaminación del aire, causada por la forzada industrialización del país, y que se siente con mayor fuerza en Pekín, es constante en la mayoría de ciudades que visité, pero no es excusa suficiente para no conocer esta nación. Pienso que hay muchos sitios de interés que se pueden visitar, como el Templo del Cielo, pero creo que el recorrido turístico se puede hacer en una semana. La comida, a diferencia de la “comida china” que se vende en los Estados Unidos, es diferente y un poco más saludable en términos de preparación, sin embargo, la gastronomía en otras ciudades es mucho más diversa y rica en sabor; de ella también hablaré más adelante. Solo me quedé con las ganas de comer chuzos o pinchos de escorpión, el cual no encontré en otras partes.

Mi recorrido por China continuó con mi visita a Xi’an, tal vez una de mis ciudades favoritas, y hogar de los Guerreros de Terracota. Mi experiencia allí fue una de las más cercanas que tuve con la cultura china y con su gente. Así que no se pierdan mis siguientes blogs que serán un poco mas divertidos y amenos. Espero hayan disfrutado de esta reseña de viaje un poco larga y aburrida, dejen un comentario, miren mi galería de Faces Of China, y como siempre, gracias por la lectura.


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